El evento de Tunguska: la mayor explosión de la historia moderna no dejó cráter
En 1908, una explosión mil veces más fuerte que la de Hiroshima arrasó la taiga siberiana. No quedó cráter ni fragmento.
- Cuándo
- 30 de junio de 1908
- Dónde
- Tunguska, Siberia, Rusia
- Situación
- Explicado en parte la explicación principal es aceptada; quedan detalles abiertos
Por Redacción de Ecos del Pasado. Publicado el 2 de noviembre de 2026. Lectura de 5 min.
En la mañana del 30 de junio de 1908, a las 7:17, algo explotó sobre la región de Tunguska, en Siberia central.
La explosión fue detectada por sismógrafos en toda Europa y Asia. La onda de presión atmosférica dio dos veces la vuelta al planeta y quedó registrada por barómetros en toda Europa. En las noches siguientes, el cielo sobre Europa Occidental se iluminó tanto que en Londres se podía leer el periódico al aire libre a medianoche.
Estimaciones de la potencia de la explosión: entre 10 y 15 megatones de TNT. Aproximadamente 1.000 veces más potente que la bomba de Hiroshima. Eventos de esta escala aparecen incluso en el debate sobre la paradoja de Fermi: los impactos cósmicos sobre planetas habitados son una de las hipótesis para el Gran Filtro que impide que las civilizaciones sobrevivan.
El área afectada: aproximadamente 2.150 kilómetros cuadrados de bosque siberiano. Se estima que 80 millones de árboles fueron derribados en un patrón radial desde un punto central.
Y ningún cráter. Ningún fragmento. Ningún metal extraterrestre. Nada que indicara qué había llegado desde la atmósfera.
Por qué pasaron 19 años antes de que alguien investigara
La Siberia de 1908 era lo que su nombre todavía evoca: remota, vasta, inaccesible. La región del evento estaba a cientos de kilómetros de cualquier asentamiento importante.
Los relatos que llegaron a las autoridades rusas eran de comerciantes y nómadas evenkis que describían una bola de fuego seguida de una explosión que los había tirado al suelo, quemado tiendas y matado renos. Las estaciones científicas registraron los efectos sísmicos, pero la ubicación exacta era desconocida.
En las dos décadas siguientes, Rusia estuvo ocupada con otros asuntos: la Primera Guerra Mundial, la Revolución de 1917, la Guerra Civil. Tunguska quedó en espera.
No fue sino hasta 1927 que el mineralogista Leonid Kulik encabezó la primera expedición científica al lugar. Lo que encontró debió de inquietar incluso a un científico experimentado: cientos de kilómetros cuadrados de bosque derribado en un patrón que señalaba claramente un punto de origen en el aire, no en el suelo.
No había cráter. El terreno bajo el epicentro estaba relativamente intacto. Los árboles en el propio epicentro seguían de pie, sin ramas, como un bosque de postes, mientras que los árboles de alrededor habían sido derribados hacia afuera, como los rayos de una rueda.

Lo que la ciencia estableció
La hipótesis que hoy predomina, respaldada por décadas de investigación y modelado por computadora, es que el evento de Tunguska fue causado por la explosión aérea de un objeto cósmico, probablemente un asteroide rocoso de 50 a 80 metros de diámetro, que entró en la atmósfera terrestre y se desintegró a una altitud de aproximadamente 8 a 10 kilómetros.
Esa desintegración en altura explica la ausencia de cráter: el objeto nunca llegó al suelo. La explosión ocurrió en el aire, y la onda expansiva que alcanzó el suelo fue lo que derribó los árboles. Es lo que los físicos llaman "explosión aérea" (airburst).
Los modelos modernos indican que objetos de este tamaño impactan la Tierra una vez cada algunos cientos de años, y que la mayoría cae en el océano o en regiones deshabitadas, lo que explica por qué hay tan pocos eventos documentados. Tunguska fue excepcional por la combinación de tamaño y ubicación sobre territorio continental.
Expediciones posteriores encontraron en la zona partículas microscópicas de composición química compatible con material meteórico, y el análisis de la turba conservada en el lugar mostró anomalías geoquímicas compatibles con el depósito de material extraterrestre en 1908.

Lo que todavía no está del todo resuelto
La explicación de la explosión aérea de un asteroide es ampliamente aceptada. Pero algunos detalles siguen en discusión entre los especialistas.
La composición del objeto: ¿Asteroide rocoso o cometa? Los cometas tienen otra composición (más hielo) y se desintegrarían de forma más completa, dejando menos material identificable. La ausencia de fragmentos significativos es compatible con ambas hipótesis.
Las partículas encontradas: Investigaciones de 2013 y 2019 en sedimentos del lago Cheko (a pocos kilómetros del epicentro) encontraron partículas que algunos investigadores interpretan como fragmentos del objeto original. Otros cuestionan esa relación.
El propio lago Cheko: Algunas investigaciones sugirieron que el lago Cheko podría ser un cráter de impacto dejado por un fragmento del objeto. Sin embargo, el análisis del sedimento lacustre indicó que el lago tiene al menos 280 años de antigüedad, es decir, es anterior al evento de 1908. La hipótesis del lago como cráter fue descartada en gran medida, aunque sin consenso absoluto.
Por qué Tunguska importa más allá del propio evento
El evento de Tunguska es relevante no solo como fenómeno histórico, sino como advertencia sobre la vulnerabilidad de la Tierra ante los impactos cósmicos.
En 2013, un asteroide de unos 20 metros entró en la atmósfera sobre Cheliábinsk, en Rusia, y explotó en el aire (airburst), hiriendo a más de 1.500 personas con los vidrios de las ventanas rotas por la onda expansiva. Más pequeño que Tunguska, pero suficiente para causar caos en una zona urbana.
Un evento como el de Tunguska sobre una ciudad de un millón de habitantes causaría una destrucción catastrófica. Sobre São Paulo, Nueva York o Tokio, las consecuencias serían de magnitud histórica, comparables, en términos de impacto civilizatorio, a las de la peste de Atenas, que devastó a la mayor potencia griega de su época.
La probabilidad de un evento como el de Tunguska en una zona habitada en los próximos cien años es baja, pero no es cero. Y, a diferencia de muchos de los misterios que exploramos en Ecos del Pasado, este tiene implicaciones prácticas para el presente: por eso las agencias espaciales de todo el mundo vigilan los objetos cercanos a la Tierra con una sofisticación cada vez mayor.
Para otros eventos en los que el cielo fue el protagonista, lean sobre la señal Wow! y sobre la batalla de Los Ángeles de 1942. Para Siberia como escenario de otro misterio, vean el incidente del paso Diátlov. Y para entender por qué eventos como Tunguska importan para el futuro de la civilización humana, vean la paradoja de Fermi.